Recibo lecciones sobre emociones humanas, muy profundas, por parte de los que me quieren y comparten su vida conmigo a cada momento, entre cafés, cigarrillos e historias cotidianas que tejen la fina tela de nuestra existencia… tan cotidianas que desgarran la carne y son el aliento de cada día.
Y si estás triste…? Y si hace un tiempo que la tristeza se mete en rincones en los que no tiene permiso…? Aparece de noche, se cuela en tus sueños, te distrae cuando quieres reírte y te abraza a traición cuando crees que la has dejado atrás…
No siempre se puede correr tras el espejismo de ser feliz, es un engaño… Los gurús que nos llevan por los caminos del eterno positivismo no han mirado de cerca. Se confunden y nos confunden: niegan la propia naturaleza del animal que somos, el que es herido en lo más hondo y necesita retirarse para lamerse las heridas, buscar consuelo y llorar lágrimas antiguas.
La coherencia de acompañar a otro ser humano en su camino no es hacerle creer que todo lo que ocurre es “reformulable” en pasar página y seguir sonriendo, desconectarlo del dolor inherente a la vida y perseguir, sin pausas, las excelencias del ser humano.
“Sonreír siempre”, “superarte, ahora y en todo momento”, “saborear cada segundo como si fuese el último…” Estos mensajes, bombardeando a diestro y siniestro y de forma indiscriminada, no son retadores ni reveladores, son vacíos.
Son vacíos porque sólo son palabras. A veces necesitamos llorar y permanecer en el fracaso, queremos quejarnos y aullar las penas sin buscar una salida, sólo vivir el dolor.
En mi modesta opinión, todo lo que en este mundo tiene valor real, todo lo que cala en nosotros y en los demás ha de contener dos cosas: honestidad y coherencia. El dolor y el abatimiento también son honestidad. El resto es mentira. Y no valdrá nada…
A veces la coherencia de estar contigo no es responsabilizarte de que no estés triste, sólo dejar que lo estés, aquí y ahora. Sin aconsejar, medir, analizar ni buscar la fórmula mágica. Sólo acariciarte mientras sufras, porque pasará…
La coherencia de estar contigo es caminar a tu lado hasta el rincón oscuro que has elegido para esconderte. Sólo un momento… porque la ocasión lo merece.
Porque se te ha roto el corazón y no quiero restarle importancia: porque no ha sido justo, porque no lo buscabas, porque te has confundido, porque te empeñaste en caminar sobre cristales, porque llegó por sorpresa, porque no estabas preparado, porque… simplemente ocurrió.
La coherencia de estar contigo es escucharte mientras dices:
“Mírame y verás que tengo un par de sueños rotos que no ha estado en mi mano proteger… siento que la vida ha elegido por mi. Realmente eran magníficos, te lo aseguro, y sin embargo tuve que romperlos para que me dejasen caminar…”
Y poder responder:
“Amo tus lágrimas tanto como tus sonrisas…”
“Y cuando me haya lamido las heridas, cuando sienta que ya no quedan rincones oscuros en los que quiera estar, cuando vuelva a ser… volveré a buscar mi vela.”
A los que sólo le pedís a los otros que vivan…
