Culpa y redención

Culturalmente somos hijos del castigo, la represión, la culpabilidad y el dolor merecido… germinamos en este campo de cultivo que ha servido y sirve para achicarnos como seres florecientes que somos.

Cuando se utiliza una emoción o un sentimiento como arma de manipulación, desvirtuamos completamente su función filogenética y biológica… una función que ha sido distorsionada, sobredimensionada y explotada por los que han querido someter al hombre a través de lo más humano que existe: los errores.

En contraposición a esto, se abren paso ideas redentoras que se materializan en frases como “es absurdo darle vueltas a eso… ya pasó”… “estuvo mal, si… pero es el pasado” y que nos instan al “autoperdón expres”, sin reflexión, y lo que es más peligroso, al olvido.

Todas las emociones tienen una función: a estas alturas ya sabemos que nuestro cerebro no genera emociones por amor a la diversidad, sino con una función adaptativa… Quizá la cicatriz de una herida me recuerde por dónde no he de volver a pasar, ni de qué modo…

Puede que el remordimiento tenga su hueco en nuestras vidas. Porque los errores existen y en muchas ocasiones lo hemos hecho rematadamente mal. Y lo peor, no lo hemos arreglado…

Puede que deba existir, si, pero… en qué dosis? Qué cantidad es la justa para no estropear la fórmula maestra que nos conjuga como seres crecientes y no aniquilados…?

Cada uno ha de buscar su receta mágica, pero quizás debamos reservar el verdadero remordimiento para ocasiones especiales e importantes, como el buen vino… y no malgastarlo con menudencias pasajeras de la vida.

Kathryn Schulz nos plantea esta perspectiva: nos habla del remordimiento desde un prisma mucho más humanista de lo que lo hace la tradición judeocristiana.

Plantea la necesidad de vivir integrando el remordimiento en nuestra vida, y lo define como el sentimiento experimentado al pensar que nuestra situación actual podría ser mejor o más feliz si hubiésemos hecho algo diferente en el pasado”

“Si tenemos metas y sueños, y si amamos a las personas y no queremos perderlas o lastimarlas, hemos de sentir dolor cuando actuamos mal.

La cuestión no es vivir sin ningún remordimiento. La cuestión es no odiarnos por tenerlos.

Necesitamos aprender a amar lo defectuoso, las cosas imperfectas que creamos y perdonarnos por crearlas.

El arrepentimiento no nos recuerda lo que hicimos mal…

Nos recuerda que podemos hacerlo mejor.”

Kathryn Schulz

Hoy no quiero ser feliz…y?

Recibo lecciones sobre emociones humanas, muy profundas, por parte de los que me quieren y comparten su vida conmigo a cada momento, entre cafés, cigarrillos e historias cotidianas que tejen la fina tela de nuestra existencia… tan cotidianas que desgarran la carne y son el aliento de cada día.

Y si estás triste…? Y si hace un tiempo que la tristeza se mete en rincones en los que no tiene permiso…? Aparece de noche, se cuela en tus sueños, te distrae cuando quieres reírte y te abraza a traición cuando crees que la has dejado atrás…

No siempre se puede correr tras el espejismo de ser feliz, es un engaño… Los gurús que nos llevan por los caminos del eterno positivismo no han mirado de cerca. Se confunden y nos confunden: niegan la propia naturaleza del animal que somos, el que es herido en lo más hondo y necesita retirarse para lamerse las heridas, buscar consuelo y llorar lágrimas antiguas.

La coherencia de acompañar a otro ser humano en su camino no es hacerle creer que todo lo que ocurre es “reformulable” en pasar página y seguir sonriendo, desconectarlo del dolor inherente a la vida y perseguir, sin pausas, las excelencias del ser humano.

“Sonreír siempre”, “superarte, ahora y en todo momento”, “saborear cada segundo como si fuese el último…” Estos mensajes, bombardeando a diestro y siniestro y de forma indiscriminada, no son retadores ni reveladores, son vacíos.

Son vacíos porque sólo son palabras.  A veces necesitamos llorar y permanecer en el fracaso, queremos quejarnos y aullar las penas sin buscar una salida, sólo vivir el dolor.

En mi modesta opinión, todo lo que en este mundo tiene valor real, todo lo que cala en nosotros y en los demás ha de contener dos cosas: honestidad y coherencia. El dolor y el abatimiento también son honestidad. El resto es mentira. Y no valdrá nada…

A veces la coherencia de estar contigo no es responsabilizarte de que no estés triste, sólo dejar que lo estés, aquí y ahora. Sin aconsejar, medir, analizar ni buscar la fórmula mágica. Sólo acariciarte mientras sufras, porque pasará…

La coherencia de estar contigo es caminar a tu lado hasta el rincón oscuro que has elegido para esconderte. Sólo un momento… porque la ocasión lo merece.

Porque se te ha roto el corazón y no quiero restarle importancia: porque no ha sido justo, porque no lo buscabas, porque te has confundido, porque te empeñaste en caminar sobre cristales, porque llegó por sorpresa, porque no estabas preparado, porque… simplemente ocurrió.

La coherencia de estar contigo es escucharte mientras dices:

“Mírame y verás que tengo un par de sueños rotos que no ha estado en mi mano proteger… siento que la vida ha elegido por mi. Realmente eran magníficos, te lo aseguro, y sin embargo tuve que romperlos para que me dejasen caminar…”

Y poder responder:

“Amo tus lágrimas tanto como tus sonrisas…”

Vela

“Y cuando me haya lamido las heridas, cuando sienta que ya no quedan rincones oscuros en los que quiera estar, cuando vuelva a ser… volveré a buscar mi vela.”

A los que sólo le pedís a los otros que vivan…

Mapas para el corazón

A veces el dolor es tan profundo que no lo sientes.

Se disfraza de normalidad y lo emponzoña todo.

Pero no lo sabes…

Y es eso lo que asusta.

Sonríes por la inercia del que no sabe más que vivir.

Sin consuelos.

Sólo la utopía de los que te miran.

Y me refiero a ese tiempo de oscuridad anterior a recordar que “pasará…”

Al instante previo a ver la primera chispa… cuando sabes, con certeza, que no la verás.

Aún siendo la vida de pocas certezas…

Al momento más oscuro, donde habita la tristeza sorda.

Alfonsina Storni, poetisa argentina, supo reflejar como nadie la emoción de la pérdida, la tristeza profunda…

” Con el paso lento y los oídos fríos

y la boca muda, dejarme llevar;

ver cómo se rompen las olas azules

contra los granitos y no parpadear

Perder la mirada, distraidamente,

perderla y que nunca la vuelva a encontrar

y, figura erguida, entre cielo y playa,

sentirme el olvido perenne del mar…”

Sólo quien han recorrido los intricados caminos de la pena puede describirla así, con la fiabilidad de un mapa perfectamente escalado.

Para el dolor del alma no hay rescate… pero sí mapas… mapas que pintan la inevitable travesía con versos, notas, acordes, palabras y tarareos… que alumbran el camino.

Mapas para el corazón.

Sigur Rós- Agaetis Byrjun

Del otoño y las madres

Ha llegado el tiempo de hacer equilibrios en las cuerdas que hemos tendido sobre el abismo, cuando el sol era eterno y enloquecíamos de luz…

Dice la tradición china que el otoño es tiempo de equilibrar la energía expansiva del verano y reservarla para el invierno.

El otoño y las madres tiene en común su destino: protegernos y madurarnos para los tiempos que vendrán

Y como la cosa va de madres, pecaré de dar consejos:

Comed calabaza y nueces, son redondas y conservan… ha llegado el tiempo de aprovisionarnos para hibernar, la oscuridad será larga.

Cepíllate el pelo y disfruta de que se cae…volverá a nacer más fuerte… ha llegado el tiempo de tejer nuevos abrigos.

Come lentejas,  nos llevan a días pasados…ha llegado el tiempo de ponernos en paz con los sabores de la infancia.

Bebe infusiones con jengibre y canela. Disfruta del aroma… ha llegado el tiempo del placer en una taza de reflexión humeante.

Enciende velas, vacía los cajones y guarda lo importante.

Sal antes de casa, aprovecha la luz… ha llegado el tiempo y casi no queda tiempo…

El otoño es suave y nos acaricia la cara como las madres cuando somos niños y nos ponen el abrigo antes de salir de casa… te bendicen a cada roce de sus manos tibias y perfumadas.

Es un conjuro protector, y ni ellas lo saben… te preparan para cuando lleguen los fríos venideros y no puedan arrullarte.

Como el otoño…

Lo que tú quieras oír

Cuando era pequeña me encantaban las conversaciones con los mayores. Sentarme, preguntar y escuchar cosas sobre ese mundo que a mi me parecía fascinante…

Un día mi tío me contó que cuando vemos un jarrón o un lápiz lo que vemos realmente es el reflejo de la luz que incide en ese objeto, no el objeto en si mismo. Aquello me pareció fascinante, insólito…porque entonces, lo que vemos es la interpretación de esa luz reflejada que llega a nuestros ojos…

Tan apasionante me pareció aquella noticia que lo primero que hice al día siguiente fue contarlo en clase a mi profesora. Aquel día conseguí dos cosas: una reprimenda por inventarme historias absurdas, y lo más importante… descubrir que no todo el mundo está preparado para asumir que otros también pueden aportar…aunque ese alguien tenga 8 años.

Desde entonces, de vez en cuando pienso en esto… La realidad es un reflejo.

Y además de un reflejo… una convención. La interpretación de nuestra vida se basa, en gran medida, en idearios que otros nos han dejado en herencia y que a su vez han heredado…

Para estar tan valorada…y así visto… la realidad tiene muy poco peso específico, no…?

Sin hacer apología de una esquizofrénica ruptura con la realidad establecida, y asumiendo que unos cuántos anclajes nunca vienen mal para cuando sopla mucho el viento… os propongo el siguiente vídeo…

Y digo… cuando necesitemos otra realidad que me ayude a crecer, a avanzar, a no bloquearme…cuando los lastres sean tan rígidos que necesite soltarlos para avanzar, hazlo… vuelve a contarte tu historia, escucha lo que deseas oír, y continúa… quién puede decir lo contrario…?

Al fin y al cabo, sólo era una realidad, una de tantas… hecha de reflejos…

Conservas de sol y fresas

Hoy voy a compartir una receta muy especial, muy apropiada para el otoño, época de cambiar armarios, hacer limpieza general, desechar lo que ya no sirve y elaborar confituras de moras, membrillo… y “conservas emocionales”.

Elegir la mejor cosecha del instante y envasarlo en bonitos tarros para cuando lleguen los fríos interiores…

La materia prima viene dada por cada una de esas delicias cotidianas en las que nos sentimos plenamente felices, a veces fugaces, minúsculas… que guardan el sabor de nuestra vida y que debemos atrapar con la emoción… en la consciencia del que celebra la vida, para conservarlos en un lugar a salvo del olvido.

Y usarlos cuando escasee el alimento. Alimento para el alma…

Tumbarse en la arena caliente en la playa, cerrar los ojos y guardar cada una de las sensaciones que te envuelven. La suavidad del sol en la piel, la tibieza efímera de la brisa, las cosquillas en los pies, las olas… y capturar el momento, agarrarlo bien fuerte para usarlo cuando el invierno se haga largo, demasiado frío, con sus interminables días de lluvia y necesitemos calidez…

Cerrar los ojos de nuevo y volver…

Un atardecer naranja y sereno que llega y se te cuela por las rendijas…

La chispa de una mirada… la intensidad de unos ojos que se cruzan con lo tuyos, en un segundo de un día cualquiera, a una hora sin importancia… cargada de amor.  Evocar esta imagen y regocijarse en cada una de las arrugas de esa piel y el gesto, casi imperceptible, del que entiende que quiere a quien mira.

Alejarse un momento del barullo en una fiesta y observar a tus amigos reír y bailar, hablar a gritos, abrazarse y volver a reír…hacer el silencio y la calma un segundo en tu interior y guardar conscientemente esa instantánea, en la alacena de las conservas… Cuando me invada la melancolía caprichosa del que a veces se olvida de la suerte de la vida… abriré uno de mis tarros más especiales para deleitarme con su olor a alegría.

Decía Sabines en una de sus poesías…

Vamos a guardar este día,

entre las horas, para siempre,

el cuarto a oscuras, 

Debussy y la lluvia, 

tu a mi lado, descansando de amar…

Bon appetit…!!

Jam. On a Spoon.

Meditación

En el año 2007 Matthieu Ricard fue declarado el hombre más feliz del mundo. Monje budista de origen francés, su formación le llevó a una brillante carrera como biólogo. Sin embargo, en 1972 abandona todo e ingresa en un monasterio de monjes budistas contemplativos. Actualmente es el asesor personal del Dalai Lama.

Científicos del la Universidad de Wisconsin estudiaron durante años el cerebro de Ricard. Fue sometido a constantes resonancias magnéticas nucleares, en sesiones de hasta tres horas de duración mientras hacía meditación. Su cerebro fue conectado a 256  sensores para detectar sus niveles de estrés, irritabilidad, enfado, placer, satisfacción y así con decenas de sensaciones diferentes.

Los trabajos sobre felicidad del profesor Richard J. Davidson, del laboratorio de Neurociencia Afectiva del la Universidad de Wisconsin, se basan en el descubrimiento de que la mente está en constante evolución, y por lo tanto, es moldeable.

Uno de los datos más interesantes es que al meditar se activa y desarrolla el área responsable de la compasión, se reduce la actividad del área asociada a la depresión y también la actividad de la amígdala, encargada de emociones como el miedo y la ira. Y estos cambios son perdurables al salir del estado de meditación, se mantienen en el tiempo.

La compasión es el deseo profundo de que el otro deje de sufrir y hacer algo para que esto ocurra. Aquí y ahora. Es el sentimiento que alberga los abrazos reconfortantes más intensos. Y es inherente al ser humano.

Es común escuchar la muy cuestionable frase de “los niños son crueles”... sin embargo nos olvidamos de decir que, sobre todas las cosas, los niños sanos son pura compasión, sienten radicalmente con el otro y buscan aliviar su dolor.

Nacemos conociendo el secreto de la felicidad…permeables a la emoción, con una carga genética destinada a forjar alianzas de empatía y compasión, por supervivencia o por puro altruismo.

Desaprendemos con los años… y la meditación parece ser un vehículo apropiado para reencontrarnos con esta extraordinaria capacidad.

Y es que ya lo dice la neurociencia…

Cosas de familia

“Nuestro hijos, biológicos o adoptados, son vividos como una materialización de nuestro deseo y también como la respuesta a alguna insatisfacción o necesidad de reparación. Por eso los condicionamos con nuestras historias, las buenas y las malas. Los educamos desde nuestras estructuras más sanas y también desde nuestro lado más neurótico, lo cual, como digo siempre un poco en broma y un poco en serio, quizás no sea tan malo para ellos.

Pobres de mi hijos si les hubiese tocado tener dos padres normales, carentes de un nivel razonable de neurosis… ¡Imagínense! aterrizar sin el entrenamiento en un mundo como el que vivimos, lleno de neuróticos…sería un martirio.

Con Perla y conmigo, mis afortunados hijos simplemente salieros a la calle y dijeron:

“¡Ah! ¡Es como en casa…!” 

Jorge Bucay

Las pequeñas “locuras” son un gran legado… nos enseñan a movernos por caminos peculiares y sin manual de instrucciones.

Durante mucho tiempo luchamos contra su impronta, y tememos, sobre todas las cosas, parecernos en algo a nuestra familia.

El tiempo y la madurez nos hace reconocer en nosotros, con una media sonrisa, algunas de esas “rarezas” que nos recuerdan que pertenecemos a un clan… Cosas de familia.

Family photo.

Otra educación

En estos días en los que se revoluciona el panorama, y gobiernos, profesores y padres buscan soluciones para una educación en tránsito, me parece apropiado escuchar a quienes opinan de forma alternativa a las directrices que, a día de hoy, se plantean en los planes educativos.

Quiero compartir con vosotros una conferencia del TED de Sir Ken Robinson, donde nos habla de un sistema educativo obsoleto. Una sabia combinación entre ideas interesantísimas e innovadoras en materia de educación y un excelente sentido del humor!

Me quedo con algo: lo que todos debemos esperar de la educación es que nos ayude a convertirnos en la mejor versión de nosotros mismos, que nos ayude a desarrollar talento, empatía y creatividad…

El azar

Bajo las ramas de los árboles, con un café y un viento casi frío poco propio de Agosto, a aquella mesa empezaron a llegar a cuentagotas personas desconocidas entre si. De distintos lugares, con historias de vida muy diferentes, siguiendo la costumbre del pueblo se fueron sentando… sin esperar nada fuera de una cordial conversación entre vecinos… surgió lo inesperado:

Teoría de cuerdas, física cuántica, universos paralelos, agujeros negros… la teoría de las puertas… la genialidad en el ser humano, átomos que se mueven en el universo y se atraen de una forma rotunda, espiritualidad, budismo y neurología.

Hombreras de los 80, adolescencia confusa y la belleza de las mujeres de treinta y tantos …bellas por dentro y por fuera, porque empezamos a ser lo que deseábamos.  

Dios, espiritualidad, agnosticismo reconfortado en la esperanza y ateísmo. La memoria ancestral de las células.

Viajes astrales, búsquedas… El conocimiento flotando en una nebulosa que nos rodea, al alcance de todos, y no saber si el camino es realmente un viaje hacia nuestro interior que es todo el cosmos en cada uno.

Gracias por aparecer e iluminarme con vuestra luz de luciérnaga y vuestra forma de entender el mundo. Porque una vez más, algo se empeña en recordarme que nada pasa por casualidad, lo pensamos muchos y estamos muy cerca, aunque tengamos que hacer miles de kilómetros para compartir un café. A ellos y a todos los que cada día me nutrís con vuestra vida.

Porque nuestros átomos fluyen con el fin de encontrarse y así es como seguirá siendo. Hasta que poco a poco vayamos entendiendo que todos somos uno dentro de nuestra bellísima individualidad. Y si el ser humano en su egocentrismo se cree desconectado, está en un error. Una amalgama de personas vibrando en la misma sintonía que se atraen de forma irremediable…

El azar es una concepto árabe que realmente significa suerte, porque así le llamaban los árabes al juego de los dados. Lancé los mío y me trajeron la fortuna. Me llevaron a esa noche, a ese momento y con esas personas, entre risas y palabras suspendidas como pompas de jabón…

MORALEJA: Démosle cada día una oportunidad a nuestro azar, a nuestra suerte, puede convertir lo cotidiano en pequeñas experiencias únicas…