El Buen Polen

Si una mariposa va de flor en flor, que es lo que va aprendiendo. Si se posa en un cáliz y prueba de su néctar, su alimento; no sabe que lleva en su cuerpo, en sus patas el polen que va a depositar en otra flor. Sigue volando la mariposa y encuentra otra maravillosa flor, con pétalos deslumbrantes, se acerca y prueba de ese néctar y va intercambiando el polen, el que recibe en ese momento y el que deposita de la flor anterior y así sucesivamente. Esta maravillosa mariposa realiza su rutina, su trabajo, el trabajo de su vida que pareciera sencillo; mas una mariposa pasa por todas las vicisitudes que pasa también un ser humano, en una escala menor.

El tomar de los demás, de las flores e intercambiar el polen, son las experiencias de la mariposa; necesita vivir, necesita alimentarse, comer y ese es el motivo de su aleteo, de su transcurrir en una corta vida. Lo que lleva en sus patas es lo mismo que un ser humano intercambia con otro ser humano, es la comunicación es lo que da de sí y siempre, un ser humano da de sí y recibe del otro; ¿es el polen que el ser humano intercambia el adecuado? ¿Es valioso, sirve, para llegar a otra flor y propiciar que esta flor madure y de fruto?

Eso depende de lo que el ser humano esté dispuesto a dar, depende de su semilla, de que es lo que ha hecho con todos los insumos que ha recibido. En este caso la flor, para llegar a ese estado ha sido necesario que se deposite una semilla en la tierra, ha sido también necesario que la tierra sea fértil, el lugar donde esta semilla tiene oportunidad de desarrollarse. También las condiciones del clima, que haya humedad, que haya agua, que los rayos del sol lleguen a ese lugar. Y esa pequeña semilla empieza a germinar, empieza a crecer hasta llegar al punto de intercambiar su polen, su esencia.

¿Qué es lo que el ser humano intercambia? lo que quiera: una sonrisa, una bendición o un regaño, un maltrato. Ante esta situación, el otro ser humano no tiene oportunidad de recibir el alimento necesario, el polen adecuado para dar fruto, o no es bueno el fruto. He ahí la importancia del buen polen, la importancia de la sonrisa, de la bendición; aunque el polen que se reciba, no sea de la mejor calidad, no tenga la mejor intención, el que recibe está en condiciones de transformar ese polen, hacerlo vigoroso, fuerte, hacerlo útil y esto como es posible, con su actitud, con lo que se hace y lo que dice.

No importa lo que se reciba, si sonrisas o no, si una mirada extraña o una mueca; todo ser humano está en condiciones de transformar esas señales y devolverlas con buenas obras, con buenas señales e ir haciendo que el polen vaya aumentando de calidad, sea mejor, sea útil, provechoso, puesto que tiene el polvo de las estrellas con que fue hecho, en ese actuar que tienen ante sus hermanos, ante los demás. Con un panorama de bondad, no perfecto, perfectible; una humanidad con luz, a sabiendas de que hay errores.

Cada quien lleva el polen que le es más grato y cada uno lleva su camino como puede; cada flor es diferente. Hay maravillosas mariposas que se fotografían, que se conoce su recorrido, que se espera que estén en tal o cual lugar, en tal época del año. Y hay otras mariposas que son opacas, que no tienen brillo, que al parecer a nadie les importa, más, también cumplen una función.

Todos los hijos del Padre, absolutamente todos, tienen semilla, tienen polen; que hacen con esa semilla, que hacen con ese polen, es responsabilidad de cada uno. Lo mejor es sonreír, es bendecir y es desear que a todos y cada uno de sus hermanos en este planeta, los encarnados y los que ya han trascendido, tengan bendición, tengan amor, paz y luz.

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