El Diamante

Erase una vez un anillo, fino, de oro macizo con una maravillosa piedra engarzada; mas, esta piedra era opaca, le faltaba luz, le faltaba brillo.

Pasó el tiempo y el anillo, instalado en su estuche quería brillar, resplandecer. Este anillo siguió adelante su vida, pues la vida no les pertenece solo a los seres humanos, como expresión del Padre Creador; la vida es y está en todos los objetos, en las piedras, las plantas, los elementos, eso es la vida.

            El concepto humano de vida es muy, pero muy limitado. El hombre, se considera a sí mismo como la obra cumbre del Creador, es solo una pequeña parte de la misma, va más allá de lo que el ser humano puede imaginar, más allá de su alcance.

            El anillo, en su estuche siguió evolucionando, siguió trabajando en su piedra opaca, en un principio que, a propósito de esfuerzo y dedicación evolucionó y empezó a brillar, a comprender el amor, a amar, palpitando cada vez con más fuerza.

            La piedra sin brillo en principio, que era el corazón del anillo, se convirtió en una fina sortija que fue aumentando de valor, puliendo la piedra opaca y tornando en un magnífico diamante, de un fulgor sin igual, en base al esfuerzo y trabajo de un ser en ascenso que iba aprendiendo como brillar, como amar y bendecir a sus hermanos.

            En un mundo donde la libertad es respetada, sin importar (en principio) lo que se haga con ella, donde el libre albedrío es rey de sus circunstancias, cada piedra, cada corazón elige que hacer.

            Cuanto amar, es otro principio; aprender a amar aún cuando no te aman, aun sintiéndose merecedor de mas amor, es una lección grande, cuando se aprueba, el camino de la vida es más sencillo.

            La luz de cada alma se puede observar en su mirada, al contactar la sutil vida espiritual. Al mirar, a grandes rasgos, se puede saber si el alma hace uso de su libre albedrío, o si lo va depositando en El Padre con la suave frase: Que se haga Tu Voluntad y no la mía.

            El brillo de cada piedra, de cada corazón es mérito de cada uno, cualesquiera que sean sus circunstancias, mas, no va solo.

            Es la Gracia del Padre Creador, Quien, amoroso, da brillo a cada piedra, un brillo inicial, que a primera vista parece opaco; con una luz interna, que hay que trabajar, hay que hacerla resplandecer. Son los talentos y virtudes con que cada uno nace, más, lo que va logrando con su esfuerzo, siempre bajo la atenta mirada del Padre Celestial.

            El flujo de la vida, va sacando brillo a cada anillo, cada sortija con las lecciones, problemas que día a día enfrenta, todo con un propósito: ser un diamante maravilloso, diáfano o un esplendido zafiro o exquisita perla.

            El valor se acrecienta con los méritos que se van logrando acumular.

En un mundo tan grande y complejo, hay anillos de cobre, plata, acero; cualquier metal disponible, puede ser, cualquier piedra opaca, que evoluciona y aprende a amar.

            Si quieres ser un diamante, empieza con un punto de luz, que poco a poco va creciendo y asimilando sus lecciones. Con el paso del tiempo, resplandece en la Gloria de Dios Padre.

            El Camino Para Regresar a Él, es el Amor Universal, como bien dijo su amado Hijo Jesús. Brilla, Ama y Trasciende.