Escribir sobre el amor es atrevido. Ya se ha escrito tanto que supongo que se ha escrito todo… Sólo quiero dibujar una idea: el amor no es romántico, no es filial, no es amistad… el amor es universal, con todo un crisol de posibilidades.
El que sabe querer y dejarse querer, va dejando tras de si algo similar al polvo de hadas de Campanilla que describió James Matthew Barrie, que toca y hechiza, convirtiendo a su paso a personas anónimas en amados amigos, amados amantes, amados amores…
Es la savia del mundo.
El amor en forma de amistad, que especia la vida con los sabores y colores de cada una de las personas que dejamos que nos acaricien por dentro.
El amor por quien duerme a tu lado, que te conecta con tu propia sangre, mezcla la carne y la sal de la tierra, se hace piel y refugio.
El de la familia, que te construye y te mantiene a flote en las tormentas.
El amor es saber que escucharás algo así…
“¿Crees que me alejaré de tu lado?
Me conoces mejor que eso…
¿Crees que te abandonaré cuando estés de rodillas?
No haría eso…
Te haré bien cuando estés mal
Cuando tengas frío, estaré ahí para abrazarte fuerte contra mi,
cuando estés fuera y no puedas entrar, te enseñaré,
eres mejor de lo que crees…
Cuando te pierdas, cuando estés solo y no puedas regresar,
te encontraré y te traeré de vuelta a casa…”
“By your side” Sade
A todos mis amores