A veces el dolor es tan profundo que no lo sientes.
Se disfraza de normalidad y lo emponzoña todo.
Pero no lo sabes…
Y es eso lo que asusta.
Sonríes por la inercia del que no sabe más que vivir.
Sin consuelos.
Sólo la utopía de los que te miran.
Y me refiero a ese tiempo de oscuridad anterior a recordar que “pasará…”
Al instante previo a ver la primera chispa… cuando sabes, con certeza, que no la verás.
Aún siendo la vida de pocas certezas…
Al momento más oscuro, donde habita la tristeza sorda.
Alfonsina Storni, poetisa argentina, supo reflejar como nadie la emoción de la pérdida, la tristeza profunda…
” Con el paso lento y los oídos fríos
y la boca muda, dejarme llevar;
ver cómo se rompen las olas azules
contra los granitos y no parpadear
…
Perder la mirada, distraidamente,
perderla y que nunca la vuelva a encontrar
y, figura erguida, entre cielo y playa,
sentirme el olvido perenne del mar…”
Sólo quien han recorrido los intricados caminos de la pena puede describirla así, con la fiabilidad de un mapa perfectamente escalado.
Para el dolor del alma no hay rescate… pero sí mapas… mapas que pintan la inevitable travesía con versos, notas, acordes, palabras y tarareos… que alumbran el camino.
Mapas para el corazón.